02 junio 2008

Dos semanas

Luego de un día muy agotador (y divertido) es recién ahora que puedo sentarme tranquilo a escribir un par de líneas a esta mi bitácora, en compañía de la música de Serú Girán. Volví a casa a las 6 y media luego de un paseo por la plaza de Acho en el Rímac, el centro de Lima y el cerro San Cristobal. Debo aprovechar porque días como el de hoy ya no se repetirán más en unos meses.

¿Y Larcomar? ¿El Jockey? ¿Miraflores? ¡¿Cómo que el cerro San Cristóbal?! ¿Acaso no hay mejores lugares que visitar en Lima?.

A decir verdad no... no los hay.

Gracias al papá de un gran amigo es que pude hacer de mi domingo algo completamente distinto. Y a decir verdad, cada domingo que he pasado en Lima, las pocas veces que pude venir, ha sido eso: Sencillamente distinto.

Recuerdo que la primera vez que vine me recomendaron a gritos "¡Tienes que conocer Larcomar!" y así es, vine con esa curiosidad.

Hoy ya conozco los sitios que mencioné arriba y la algunos de los "Plaza" que tiene la Lima comercial y consumista (se me viene a la cabeza un estribillo de Pedro Guerra). Sin embargo, he de admitir que cuando vuelva a Cusco ni me acordaré de ello, y de seguro sí me acordaré por ejemplo de aquella vez que pase la obligada "radigrafía" en Corongo para conocer el puerto chalaco, o cuando compré truchas fresquitas en el terminal pesquero, o la vez que conocí el museo de la Santa Inquisición y las catacumbas en el centro de Lima, o cuando compramos turron y conocí el paraíso de la piratería informática en Lima, Paruro y Wilson. O cuando conocí el famoso cerro San Cristóbal.

Bueno, no contaré como estuvo mi paseo (eso lo guardo para quienes me quieran escuchar), solo les daré un pequeño consejo: Si visitan alguna vez el cerro San Cristóbal, no olviden cerrar las ventanas del bus ;)


Ah! Y por unos minutos me sentí como en casa...